La solidaridad no es un gesto puntual, sino una forma de mirar y vivir. En la escuela y en la familia, educar para servir ayuda a los niños a crecer en empatía, responsabilidad y generosidad. En los centros de inspiración cristiana, este valor forma parte de su identidad: enseñar a poner al otro en el centro, a reconocer su dignidad y a descubrir que todos —sin excepción— podemos hacer algo por los demás. Una educación que transforma vidas desde dentro.