La conversación pública sobre los jóvenes suele centrarse en sus problemas: ansiedad, soledad, falta de compromiso o incertidumbre ante el futuro. Pero quizá exista una pregunta previa y más importante. ¿Qué ideales les estamos proponiendo? Una experiencia vivida en París y Madrid con una semana de diferencia en el tiempo, invita a reflexionar sobre una de las tareas más profundas de la educación: enseñar a descubrir qué merece realmente la pena amar.