El apagón eléctrico vivido hace un año dejó una lección que va más allá de lo técnico. En medio de la incertidumbre, en muchos colegios y familias afloraron gestos de ayuda, serenidad y cuidado de los más vulnerables: profesores que acompañaron hasta que el último alumno pudo ser recogido, familias que se apoyaron entre sí, personas pendientes de los mayores y ciudadanos que, incluso en el caos del tráfico, dieron un paso adelante para ayudar. Escenas sencillas que recordaron que la solidaridad, la templanza y la atención a los demás no surgen por casualidad: también se educan y sostienen la vida en común.