EDUCACIÓN
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Durante la Jornada Anual de Arenales, celebrada en noviembre y que reunió a más de 900 profesionales de la educación, tuvimos la oportunidad de conversar con el psiquiatra granadino Luis Gutiérrez Rojas (Granada, 1977). Con un estilo cercano y directo, defiende una visión de la educación en la que exigencia y cariño van de la mano, y en la que la familia juega un papel insustituible como «escuela de optimismo».
Autoría: Arenales
15 de septiembre de 2025
3 min de lectura

Para Rojas, el optimismo no es negar los problemas, sino aprender a afrontarlos con serenidad y buen humor.
El verdadero optimismo, explica, es una actitud de tolerancia hacia las dificultades propias y ajenas. El error no está en tener una vida imperfecta, sino en frustrarse por buscar una perfección imposible.
Nuestros hijos deben aprender a sufrir, perder y fracasar, porque eso es parte de la vida adulta.

Uno de los riesgos actuales en la educación familiar es la sobreprotección. Ante ello, el psiquiatra recomienda algo muy concreto:
«Haz que tus hijos hagan cosas que les cueste».
Desde gestionar un trámite hasta pedir la cuenta en un restaurante, los pequeños retos cotidianos fortalecen la autonomía. La casa no debe convertirse en un «hotel de cinco estrellas»: desde recoger juguetes hasta organizar sus cosas, cada responsabilidad ayuda a formar personas maduras y preparadas para la vida.
La clave, asegura, está en que el afecto supere siempre a la exigencia:

El verdadero optimismo, explica, es una actitud de tolerancia hacia las dificultades propias y ajenas. El error no está en tener una vida imperfecta, sino en frustrarse por buscar una perfección imposible.
Nuestros hijos deben aprender a sufrir, perder y fracasar, porque eso es parte de la vida adulta.
En un mundo de comparaciones constantes, advierte sobre los riesgos de idealizar a otras familias:
«Los hijos no necesitan padres perfectos, sino padres auténticos».
Aceptar la propia historia, con luces y sombras, permite educar desde la verdad y transmitir a los hijos una sana autoestima.

Dirigiéndose a familias y profesores, Rojas subraya el privilegio que supone educar:
«Un profesor puede cambiar la vida de un alumno, y eso es un privilegio».
Aunque no siempre se ve el fruto inmediato, la siembra de virtudes y actitudes marca vidas. Recordar ese impacto ayuda a relativizar las dificultades y a renovar la motivación.
Luis Gutiérrez Rojas nos recuerda que la educación no consiste en evitar problemas, sino en formar personas fuertes, alegres y capaces de amar. Una tarea que exige paciencia, realismo y sentido del humor, pero que deja una huella imborrable en quienes la viven.
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